La Iglesia Escondida, y la Iglesia Externa
Por Enrique Ivaldi – Cuaresma 2021
Se
ha hablado y escrito durante generaciones entre nosotros sobre la
doctrina de la Iglesia, atribuyéndole los adjetivos que dan título a
este documento. Trazamos la genealogía del término “Iglesia Escondida”
al mismo Lutero, quien la ha expuesto con maestría en De Servo Arbitrio,
Capítulo viii. Otros, con menos acierto quizá, pero, lamentablemente,
con demasiada frecuencia, han hecho uso de la frase “la Iglesia
Invisible”, sin plantear las especificaciones adecuadas. Si bien, en
ocasiones, podremos apelar a esta expresión, “Iglesia Invisible”, se
hace preciso dejar en claro que esta frase se vincula con mayor
propiedad a la teología Reformada que a la Dogmática Luterana. La
“Iglesia Invisible” es para los Reformados “el conjunto de todos los
elegidos por el Decreto Eterno” en el contexto de su ‘Teología del
Pacto’; un cuerpo ideal tal como existe en la mente de Dios.
Aún admitiendo la terminología, nosotros trataremos aquí de otra
cuestión. Nos remitiremos a ciertos comentarios sobre el Catecismo Menor
de Lutero, que han considerado de manera similar la doctrina de la
Iglesia, haciendo uso de ambas expresiones (“visible” e “invisible”.)
En 1912 la Concordia Publishing House publicaba un Catecismo que fue
traducción del llamado “Catecismo de Schwan”(1896.) Allí se lee:
“185. ¿Qué es la iglesia? Respuesta. La congregación de los
santos [Nota 1,] esto es, toda la Cristiandad, el completo número de los
creyentes; pues sólo los creyentes, y todos los creyentes, son miembros
de la iglesia.
“186. ¿Por qué decimos, “Yo creo en la iglesia”? Respuesta. (a) Porque la iglesia es invisible, desde que ningún hombre puede mirar en el corazón de otro y ver si cree realmente.
(b) Porque se nos asegura en el Santo Escrito que el Espíritu Santo en
todas las épocas reúne y preserva una congregación de creyentes.
“191. ¿A quiénes nos referimos cuando hablamos de una iglesia visible? Respuesta.
Al número completo de aquellos que profesan la Fe Cristiana y se
congregan alrededor de la Palabra de Dios, pero entre quienes, y junto a
los verdaderos Cristianos, pueden hallarse hipócritas.
“192 ¿A quiénes llamamos la verdadera iglesia visible? Respuesta. Al
número completo de aquellos que poseen, enseñan y confiesan la entera
doctrina de la Palabra de Dios en toda su pureza, y entre quienes los Sacramentos son rectamente administrados,
conforme a la institución de Cristo.”
Por su parte, el Catecismo de Gausewitz, que se adoptó en el Sínodo de
Wisconsin en 1928, ofrece las siguientes explicaciones sobre el mismo
tema:
“237. ¿Qué es, pues, la iglesia? Respuesta. La Iglesia es la Comunión de los Santos, o la congregación de todos los creyentes.
“242. ¿Por qué decimos, ‘Yo creo en la Santa Iglesia Cristiana’? Respuesta.
La doctrina de la iglesia es materia de fe. Sólo sabemos por la Palabra
de Dios que hay una iglesia; sólo el Señor conoce quién tiene fe en
Jesucristo (la iglesia invisible.)
“245. ¿Por qué asimismo llamamos ‘iglesia’ a cualquier comunidad visible
(o a una denominación) en la cual se predica el Evangelio y los
Sacramentos son administrados? Respuesta. La llamamos iglesia porque en su medio, seguramente, hay miembros de la iglesia invisible, aunque no sepamos
quiénes son.”
Este Catecismo hace este comentario a causa de la Eficacia de la
Palabra. Los Luteranos genuinos, siguiendo a Lutero, decimos que allí
donde la Palabra se predica, hay Cristianos; y donde hay Cristianos, es
porque la Palabra se predica. La Palabra y los Cristianos van juntos; si
uno de ambos falta, entonces también falta el otro.
Nos resta citar el Catecismo Menor comentado que editó el LC-MS en 1943,
ahora abandonado por este cuerpo, aunque todavía en uso por parte de
otros sínodos y conferencias disidentes en el país del Norte. Se le
conoce como el “Blue”, a causa del color azul de sus cubiertas. En
nuestro país se conoció una versión castellana similar publicada por CPH
en 1942; pero no la anotaremos por ser endeble y poco segura en su
traducción.
“175. ¿Qué es la Santa Iglesia Cristiana? Respuesta. La Santa
Iglesia Cristiana es... la Comunión de los Santos; esto es, la totalidad
de los creyentes en Cristo; pues todos los creyentes, y sólo los creyentes, son miembros de esta iglesia (la Iglesia Invisible.)
“176. ¿Por qué decimos “Yo creo” en la Iglesia? Respuesta. Decimos Yo creo
en la Iglesia, (a) Porque la iglesia es invisible, desde que ningún
hombre puede mirar dentro del corazón de otro y ver si éste cree; (b)
Porque, no obstante, las Escrituras nos dan la seguridad de que el Espíritu Santo en todos los tiempos congrega y preserva a una congregación de creyentes.
“177. ¿Por qué decimos, “Yo creo en “la” Iglesia? Respuesta. Decimos, Yo creo en la Iglesia porque hay una sola iglesia; pues todos los creyentes son una comunión de santos, o un cuerpo espiritual, cuya una y única cabeza es Cristo.
“180. ¿Dónde puede hallarse a esta Santa Iglesia Cristiana? Respuesta.
Esta Santa Iglesia Cristiana se halla dondequiera el Evangelio se
proclama; pues de acuerdo a la Promesa de Dios Su Palabra no será
predicada en vano.
“181 ¿En cuáles otros sentidos se utiliza la palabra “Iglesia”? Respuesta.
La palabra “Iglesia” se utiliza asimismo para denotar; (a) La iglesia
visible de Dios; (b) Una denominación; (c) Una iglesia local; (d) Una
Casa de fe o adoración.
“182. ¿Qué es la Iglesia Visible”? Respuesta. La Iglesia Visible es el número completo de aquellos que tienen y hacen uso de la Palabra de Dios y profesan la fe Cristiana, pero entre quienes, junto a los verdaderos Cristianos, también hay hipócritas.”
“184. ¿Cuál denominación es la verdadera Iglesia Visible? Respuesta.
Aquella que tiene, enseña y confiesa la completa doctrina de la Palabra
de Dios y administra los Sacramentos de acuerdo con la institución de
Cristo.”
Estos textos se mencionan para que el lector pueda verificar cómo esta
doctrina sobre la Iglesia se ha presentado en ciertas comuniones
Luteranas en los últimos dos siglos. En general, todos los textos para
la instrucción entre Luteranos, con pequeñas diferencias o mínimos
pormenores se han expresado de manera similar sobre el misterio de la
Iglesia tal cual sus autores han creído hallarlo en la Sagrada Escritura
y entre los Cristianos en la tierra.
Lo que nos interesa aquí es evaluar las restricciones que deberían
establecerse sobre estos términos de “Visible” e “Invisible”, aplicados a
la Iglesia en la enseñanza habitual. De modo corriente, la aplicación
dogmática del Catecismo ha concordado, como vimos, al declarar que la
Iglesia, la Communio Sanctorum, es “invisible.”
Sin embargo, este término no es empleado por el Santo Escrito para definir a la Iglesia.
Las Confesiones Luteranas hablan de “un reino interior,” “una
asociación de fe y del Espíritu Santo en los corazones” (“Societas fidei
et Spiritus Sanctis in cordibus,” Apología vii. 5;) pero también se
advierte en ellas que la Iglesia “no es un Estado Platónico” (“Neque vero somniamus nos Platonicam civitatem,” Apol. viii. 20;) esto es, no consiste en un Cuerpo Ideal, sino que puede verse y palparse, en fe, como al mismo Cristo.
Es por ello que el término “invisible” reconoce una fatal debilidad y
responde, mas adecuadamente, a aquel concepto Reformado de “el conjunto
de los elegidos, según son percibidos en la mente de Dios.” Sin embargo,
para los Cristianos ortodoxos en su fe, la Iglesia es una comunión de
hombres que se congrega alrededor de la Palabra y de los Sacramentos – y
del Oficio del Ministerio de esta Palabra y estos Sacramentos, que
pertenece a Cristo y es de origen Apostólico – en el testimonio
histórico de la grey del Señor Dios.
Escuchemos a Lutero; “Si el Artículo, “Yo creo la Iglesia Cristiana [sin
la preposición ‘en’,] la Comunión de los Santos,” es indiscutible,
entonces de ello se sigue que nadie puede ver o sentir la Iglesia. Uno no ve o experimenta lo que uno cree, y tampoco necesita creer en lo que se ve o se percibe.”
(St. L. xviii. 1349; cp. xix. 1081.) Y también; “Así como la Roca
[Cristo] no tiene pecado, es no-visible y espiritual, así también la
Iglesia que no tiene pecado es no-visible y espiritual, y sólo puede ser
percibida a través de la fe (Sola fide perceptibilis.). Por lo
tanto, las palabras en San Mateo no hablan del Papado o de una Iglesia
Visible [Externa]; por el contrario; los derrumban y reducen a una
sinagoga de Satanás.” (St. L. xviii. 1445; 1469; xvii. 1338; xxii. 603
ss; 989.) El término “invisible” (Alemán, Unsichlicht,) tal como
se lo utiliza actualmente. no expresa con fidelidad el concepto del Dr.
Lutero. Por lo que acabamos de citar queda en evidencia que Lutero no
utiliza los adjetivos “invisibilis et spiritualis” con un significado
estadístico o cuantitativo, sino cualitativamente; sine peccato invisibilis et spiritualis Sola Fide perceptibilis.
Este es el dulce Evangelio; y sólo puede ser recibido por la fe. La
expresión “invisible” puede llevarnos a falsas deducciones si nos
dejamos seducir por la teología Calvinista.
El concepto de Lutero y de los Luteranos que habitualmente se vierte
como “invisible”, se expresa con nitidez en la aserción de que la
verdadera naturaleza de la Iglesia está escondida bajo la Cruz (“Ecclesia abscondita, cruce tecta, latent sancti.”)
Con esto queremos decir que la impecabilidad de la Iglesia está
escondida (es no-visible a la carne y al mundo) y que solamente por fe
esta Iglesia es percibida.
Dice Lutero; “Todo aquel que no quiera extraviarse deberá, por lo tanto,
sostenerse en esto; que la iglesia (Alemán, Christenheit,
Cristiandad,) es una asamblea espiritual de almas en una misma fe, y que
nadie es reconocido como Cristiano a causa de su cuerpo; y esto para
que se entienda que la verdadera, real, recta y esencial iglesia
(Christenheit) es una cosa espiritual, y no algo externo o exterior; sea
cual fuere el nombre que lleve” [Nota 2]
La carne pecadora que venera o se sujeta a otro Cristiano en esta vida
no tiene parte con la Ecclesia verdadera. No procede del Espíritu
Santo, pues es carne; es decir, no procede de la fe, y por ello es
pecado (Romanos xiv, 23.) Se trata del Viejo Adán, que cada día debe ser
ahogado y morir, y que al fin perecerá para siempre. Como es del mundo,
no puede tener parte en el Reino, ya que rehúsa dejar a Cristo ser el
Señor. San Pablo lo acusa, “¿Quién me librará del cuerpo de esta
muerte?” (Romanos vii, 24.) Esta carne plaga al Cristiano en su tránsito
terrenal. Lo ve como el mundo lo ve: no como a un miembro viviente del
Cuerpo de Cristo, glorioso y sin mancha o inmundicia alguna (como Dios
le recibe a causa de su fe imputada a justicia, y esa fe es una que obra
por el amor,) sino como una criatura hecha para disfrutar [arrancar el fruto]
de las cosas de este mundo, siendo ésta y no otra su verdadera
actividad y herencia en que debe persistir para su propio bienestar; lo
ve como a un Adán que marcha en busca de nuevas experiencias,
predispuesto a esconderse de Dios en las malezas cuando fuere necesario
(Génesis iii, 8;) o bien pensando que puede tratar con Dios de igual a
igual, como un rey enano y soberbio en sus miserias, de las que se cree
con derecho a exigir cuentas a Su Creador. Porque el Viejo Adán no tiene
ni la más remota idea de una fe que es “la sustancia de aquello en lo
que se espera, la evidencia de las cosas que no se ven” (Hebreos xi, 1.)
Pero un Cristiano es lo mismo que la fe. Un Cristiano es fe, o no es Cristiano. El Cristiano y la fe son uno. La fe no es solamente aquello para lo cual el Cristiano vive, sino la vida en la cual existe.
Rodeados, pues, de extranjeros hostiles, por el mundo y la carne, los
Cristianos están en la gran soledad. Pero no definitivamente solos.
Porque saben, “de fe a la fe,” que junto a ellos hay multitud de seres
como ellos; una hueste viviente, no de cuerpos imaginarios sino de
verdaderas personas; personas creadas en Cristo Jesús (Efesios ii. 10.)
“Ni Judío ni Griego; ni libre ni esclavo; ni varón ni mujer; porque sois
todos uno en Cristo Jesús” (Gálatas iii, 28.) Esta es la Iglesia
Escondida, escondida bajo la Cruz hasta el Fin del Mundo.
II.
Al comentar II Reyes 6, la Oración de Eliseo para que los ojos de su
siervo fueran abiertos y así ver las huestes celestiales – que
testificaban aquel “somos muchos más que ellos,” Lutero señala
que debemos pedir al Señor que abra los ojos de nuestra fe para ver la
Iglesia que nos rodea, y entonces ya no tener miedo. ¿Qué significa
creer la Santa Iglesia Cristiana (creer la, no creer en
la,) sino la Comunión de los santos? ¿Y en qué tienen comunión los
santos? Por cierto, “ellos comparten todas las bendiciones y los
males... No sufre el pulgar de la mano sin que todo el cuerpo sufra. O,
¿Qué beneficio llega a un brazo que no llegue a todo el cuerpo? Somos un
solo cuerpo. Cuando tenemos angustia y sufrimos, creamos firmemente que
no sólo nosotros, sino que Cristo y toda la Iglesia sufren y mueren con
nosotros. Por tanto Cristo ha hecho provisión para que no entremos
solos por los caminos de la muerte; es toda la iglesia la que nos
acompaña cuando ingresamos a la senda de las aflicciones y muerte. Y la
iglesia puede soportar un peso mucho mayor que el que nosotros
podríamos...” [Nota 3]
En suma; si se utiliza el término “invisible” en la Dogmática Luterana
aplicándolo a la Iglesia, deberá en cada caso dejarse en claro que lo
que se desea expresar es que la existencia de la Iglesia, así como su
gloria y beneficios, son sólo perceptibles a los ojos de la fe. Es por
esto – y vale la pena insistir en ello – que el Catecismo pregunta, “¿Por qué decimos: Yo creo en la Iglesia?,” pues la verdadera naturaleza o esencia de la Iglesia es esta; una solamente visible a la fe.
Se rechaza así, definitivamente, el concepto Romano y el de sus
seguidores, según el cual la Iglesia es una Externa y cuantitativa y
sólo eso y por lo tanto la única legítima.
Debemos aún considerar la propiedad del término “Iglesia Visible.”
Ciertamente, en virtud de la Palabra y los Sacramentos, que generan y
preservan la fe dentro de la externa congregación de los llamados, se
halla la Asamblea Escondida de los creyentes (los Elegidos,) los cuales no deben ser buscados fuera de las congregaciones de los llamados,
como lo ha escrito Johann Gerhard y luego reproducido C. F. W. Walther
en una de sus muy conocidas Tesis (Tesis vi) [Nota 4] Ellos son,
propiamente, la iglesia. Por eso, para Gerhard, la Iglesia Visible y la
No-visible no son dos, sino una, más ‘en diversa analogía.’
Como fuere, bien han dicho otros dogmáticos que es impropio a la
doctrina Luterana el comparar u oponer la “iglesia visible” a la
“invisible.” Esta es una falsa antítesis, puesto que el término
“iglesia” conllevaría así connotaciones distintas en cada uno de estos
usos. En uno sería la Comunión de los Santos; en el otro, un cuerpo
mixto – ni siquiera una iglesia mixta; de hecho, no habría aquí ninguna
iglesia.
Escuchemos nuevamente al Dr. Martín Lutero: “Por lo tanto, para promover
una mejor comprensión y a causa de la brevedad, designaremos a las dos
iglesias por nombres que hagan distinción entre ellas. La primera, que
es la natural, fundamental, esencial, interior Cristiandad
[Christenheit.] La otra, que es resultado de una naturaleza externa, la
llamaremos el Cristianismo Externo (no porque queramos separar la una de
la otra; si no en aquel modo en el cual yo hablo de un hombre y digo de
él que es espiritual, en lo que pertenece al alma, y corpóreo en lo
atinente al cuerpo; o cómo lo hace el Apóstol cuando se refiere a un
hombre interior y a otro externo... Aún cuando esta última Asamblea
[Gemeine] no hace de un hombre un verdadero Cristiano... sin embargo
ella [la Gemeine] nunca persiste sin algunos que sean, realmente,
Cristianos – pero aquellos que, sin fe y ajenos a la primera iglesia están en esta segunda iglesia no son sino muertos ante los ojos de Dios,
simuladores, hipócritas y nada más que madera pintada de la verdadera
Cristiandad.” (LW St. L. Ed. xviii: 1018 ss.)
Según observamos, Lutero es sumamente claro cuando define un
“Cristianismo corpóreo, externo” como Iglesia. En el original el
Reformador utiliza “Gemachte Kirche” (iglesia corporativa; externamente
construída) y no “Sichtbare Kirche” (“iglesia visible,”) habla de esta
“segunda iglesia” en un sentido externo. Por ello, en todo caso, debiera
preferirse la pregunta del Catecismo que dice: “¿De quién o quiénes hablamos cuando decimos “iglesia visible”?, y no la otra que expresa “¿Qué es la iglesia visible?,”
ya que esta última pareciera instituir una categoría eclesiológica
admitida como Bíblica, lo cual está muy lejos de ser realidad.
Por lo tanto, una vez hecha la distinción que efectúa Lutero, sí
puede hablarse de una Verdadera Iglesia de Cristo sobre la Tierra, que
enseña la pura doctrina de la Sagrada Escritura y administra los
Sacramentos tal como Cristo los instituyó. La Palabra y los
Sacramentos no hacen a la esencia de la Iglesia; pero son las Marcas
(Notae) que indican la presencia en todo cuerpo externo de la Ecclesia Abscondita;
y es por ellas que la Iglesia puede ser reconocida y hallada en la
tierra. [Nota 5]
Si no se comprende con claridad todo esto, entonces se producen
confusiones y se enseñan falsas doctrinas o se plantean absurdas
contiendas, como las que tuvieron y aún tienen lugar en las polémicas
entre los representantes clásicos de los sínodos de Missouri y
Wisconsin, en los Estados Unidos, esto es, “si solamente la congregación local es iglesia y los sínodos no son iglesia” (Missouri) [Nota 6,] o bien “si el sínodo es iglesia en un mismo rango
que la iglesia local” (Wisconsin;) y desde aquí disputan sobre la
doctrina del Ministerio y quién tiene el derecho a llamar Ministros,
invirtiendo el Orden Escritural y el que exponen las Confesiones
Luteranas. El desacierto de Wisconsin es aún más significativo, con su
concepción “funcionalista” del Ministerio; una concepción “de abajo,” a
la que empeoran con su deplorable concepto del “somos todos ministros.”
[Nota 7]
Ambos conceptos, como se deduce asimismo de nuestras Tesis sobre Iglesia y Ministerio,
son fallidos en esencia, y están mal planteados. La Iglesia,
propiamente dicha, es una Escondida a la carne y a la incredulidad y
aparece o se hace manifiesta en el mundo en cuerpos mixtos donde
la Palabra se predica y los Sacramentos se administran rectamente. Como
lo hemos explicado en otros documentos [Nota 8] y siguiendo la
exposición de Hermann Sasse sobre el tema, deducimos que una sana
comprensión del tema se articulará sobre este eje: Palabra -->
Justificación por la Fe -->Ministerio Público, y luego Iglesia. Así
lo hace la Augustana.
El Oficio del Santo Ministerio Público, de institución divina y origen
apostólico, fue investido sobre los Apóstoles (Juan xx, 21-23 Mateo
xxviii, 18-20; Marcos xvi, 15-16; Lucas xxiv, 46-49; Juan xx, 21-23;
Hechos xx, 28; I Corintios xii, 28-29; Efesios iv, 11; CA V; Tratado,
8-10;) y luego continuado en los Obispos y Pastores o Presbíteros (un
mismo Oficio con distintas funciones.) Este Oficio aparece junto a
(co-existe con) la Palabra y los Sacramentos; y Palabra y Sacramentos
son el gobierno propie dicto de la iglesia. De modo que cualquier
forma o regla de gobierno eclesiástico que haga posible esta
Proclamación de la Palabra y esta administración de los Sacramentos, a
través del Oficio, serán legítimos aquí.
La discusión y la solución, pues, se hallan en una certera teoría del
Ministerio de la Palabra y los Sacramentos, que “traen” la
Justificación, a la vez que provienen de ella (del Evangelio;) y luego y
desde allí se articulará la doctrina de la Iglesia, tal cual lo han
hecho las Confesiones Luteranas.
Seguramente ya hemos comprendido que el término “Iglesia Visible” no es
exacto ni absolutamente claro ni definitivamente apropiado. Sin embargo,
no tenemos otro más conveniente que lo reemplace. Pero aquello que
designa sí existe y es palpable. Como se ha dicho, hay un Algo de naturaleza eclesiástica que no es la Ecclesia per se; algo
que el Señor ilustra cuando compara el Reino de los Cielos a una red
que junta peces de todas clases, buenos y malos (Mat. xiii, 47-50.) Hay
un Algo que Lutero distingue de la “Wirkliche Kirche” (la iglesia genuina o auténtica;) aquello que ya definimos como la “Gemachte Kirche,” Algo que podría llamarse la Congregatio Vocatorum, la reunión de los llamados. Hubo algo llamado Israel que no es el “todo Israel” (Romanos ix, 16.) A este Algo le atribuimos o decimos ser “visible.” Cuando Lutero dice que la iglesia es “visible” (Alemán “Sichtlich,”
y los estudiosos de su obra afirman que lo hace sólo una vez,) lo que
quiere decir es que resulta visible y perceptible para la fe, y
no-visible (Alemán, Sichtbar) a la carne y la incredulidad. Lutero, junto a la Sagrada Escritura, conoce sólo Una Iglesia, la Communio Sanctorum. El Reformador enseña que la verdadera naturaleza de la Iglesia no puede establecerse empíricamente, sino que es, y será siempre, un Artículo de fe. Y de esta Ecclesia
dice Lutero que es a la vez invisible (a la carne o la incredulidad) y
perceptible (a la fe.) En un sentido propio, la componen todos aquellos
que, desesperando de sí mismos, creen en el Evangelio de la pura y libre
gracia de Dios, que nos justifica y santifica solamente por fe. Y es
esta una fe obrada por los Medios de Gracia.
Así es. “El Señor conoce a los que son suyos” (II Tim. 2, 19.) Los
Cristianos son los verdaderos creyentes, “todos aquellos que,
desesperando de su propia justicia, confían y creen en el Evangelio.”
Cristo Dios nos ve como “Generación escogida, una nación santa, un
pueblo peculiar” (I Pedro ii, 9.) Mientras estamos en este mundo, no
somos espíritus desencarnados ni seres intangibles. Sentimos, sufrimos,
reímos, penamos y nos regocijamos en nuestros cuerpos. Y llevamos sobre
nosotros el estigma de la mortalidad. Estamos agobiados por una
naturaleza pecaminosa, contra la cual combatimos hacia la santidad, en
el Anfechtung. Nadie puede vernos, nadie puede tocarnos sino como
a criaturas con esta carga y esta apariencia mortal. Así vivimos, en
medio de la incredulidad, en el mundo, con nuestra fe escondida y sólo
evidente a otros hombres por sus frutos. Pero gracias al Señor, Él
“prepara Casa a los desamparados” (Salmo 68, 6) [Nota 9,] para que nos
alegremos y seamos bendecidos con la comunión de los santos, aunque
ellos se presenten “bajo una máscara, como secretos.”
Como lo expresan nuestras Tesis, la Iglesia se presenta en
asambleas de Cristianos congregados alrededor de la Palabra y los
Sacramentos, cuando esta Palabra y estos Sacramentos se administran de
acuerdo con la institución de Cristo, por medio de un Ministro
rectamente llamado. De ese modo los Cristianos se reúnen con otros
Cristianos, pública o privadamente (i.e., en templos, o casas de
familia.) Pero sin olvidar que todavía aparecemos velados por la carne.
en este caso intentamos juzgar siempre con la Palabra de la verdad, en
tanto nos ministramos el uno al otro como mortales, todavía en el mundo
con el cuerpo mortal (II Corintios 5.)
El ejercicio de nuestra comunión es con los santos; y aún así está
limitada por las singularidades de la “iglesia visible.” Se entra aquí a
la distinción entre la Fe ortodoxa y las asambleas heterodoxas. Los
Luteranos hemos sido enseñados cómo debemos y cómo no debemos
ingresar a la profesión de esa comunión externa. Aquí tendremos que
tratar con lo que otros confiesan y evidencian en cada enseñanza y hecho
eclesiástico. Si quebrantamos este principio, querrá decir que hemos
confundido visible con Escondida, o viceversa, cayendo así en la herejía. Que el Señor nos guarde y libre de todo error. Amén.
Notas
[1] Lutero entendía la Communio como una “compuesta de santos,” ó “una comunidad de Lo Santo,” una comunidad santa, de gente santa, en las Cosas Santas. El término moderno “congregación” (Parroquia) difiere del sentido que Lutero daba a Gemeine en su época (Paul Althaus, The Theology of Martin Luther, Chapter 22, p. 295; Fortress Press; Philadelphia, 1963.) Esta Communio
es algo hecho Santo por Dios, y tiene un solo corazón con Dios; está
escondida y vive en el corazón de Dios. Esta Comunión incluye tener en
común no solamente los beneficios de Cristo, sino también los males y
las penurias de todo el Cuerpo. Y si bien Lutero en otros pasajes
utilizó Communio igualando el término con Congregatio,
incluye en el sentido el concepto de compartirlo todo; de sobrellevarnos
los unos a los otros. Contrariamente al concepto de los Liberales, el
Cristiano no es miembro “de un grupo,” es miembro del cuerpo de Cristo y como tal participa de una comunión en Lo Santo (o en las cosas santas,
los Sacramentos.) [Ver luego la Nota 5] Así pues, Lutero subraya la
Comunión de los Santos en la tierra, sin quebrar la unidad con los
santos que han partido y permanecen “ocultos” a nuestro entendimiento.
Claro está, la iglesia es Una; porque para Dios “todos están vivos;” en
todo caso Lutero enfatiza que nuestra comunión y necesidad de compartir y
consolar no se dirige, eminentemente, hacia los santos que aguardan la
resurrección sino hacia los santos vivos, a los hermanos más pequeños
del Señor. El vivir del ‘sueño viviente y bienaventurado’ de los que han
partido permanece, asimismo, “escondido” para nosotros. – Reconocemos
aquí nuestra deuda con el artículo escrito en 1969 por E. Schaller sobre
la Iglesia Visible y la Invisible.
[2] Como lo cita H.A. Preus en “The Communion of the Saints”, Augsburg Publishing House, 1948; pp. 81ss.
[3] Ver las citas de Lutero y el desarrollo de Paul Althaus en “The Theology of Martin Luther,” Pp. 305-307.
[4] H. Schmid, “Doctrinal Theology of the Lutheran Evangelical Church,” United Lutheran Publications House; 1899. p. 594. [5]
La Palabra y los Sacramentos “nos traen” a Cristo; o mejor dicho, Él
viene en ellos. En los Medios de Gracia el Señor nos muestra, aquí y
ahora, el Perdón de pecados, la vida y la salvación. Esa salvación es
una obra de la Deidad. No podemos hallar a la Iglesia fuera de Cristo el
Señor, del Padre, y de Su Espíritu Santo. La Comunión de los Santos en
Lo Santo y en las Cosas Santas significa que cuando uno se pierde, se
pierde solo; pero nadie es salvo solo: es salvo en la Ecclesia,
como miembro del Cuerpo y en unión con los otros miembros de ese Cuerpo.
La Iglesia, así, refleja la Vida Divina, unidad en la diversidad; la
Deidad tiene comunión, pero preserva su diversidad de propósito, designio y voluntad,
irrepetibles. La Catolicidad Evangélica no es una de conflicto entre
libertad y autoridad; la catolicidad se concibe como conciliaridad,
comunión, unidad de los creyentes en Cristo, Verbum Dei, en cuyo
corazón viven y que es la vida de ellos en la Unión Mística. Cada
iglesia local puede entrar en comunión con otras de la misma fe y
fidelidad a la pura doctrina de la Palabra; y es así como la Iglesia
vive en iglesias.
Allí donde la Palabra se predica y se administran los Sacramentos; allí
está Cristo dando el Perdón de pecados, vida y salvación; y allí donde
está Cristo, allí está la iglesia católica (Cf. Carta de San Ignacio a
los de Esmirna, viii. 2,) no importa el número de sus miembros ni la
calidad de sus bienes externos. La iglesia Cristiana ortodoxa es, pues,
para los Luteranos, la continuación de los Oficios Real, Profético y
Sacerdotal del Señor Jesús. Lejos estamos aquí del concepto calvinista,
según el cual Cristo “está ausente de Sus santos en la tierra.” Eso no
es sino Nestorianismo craso. No. Cristo está presente entre los suyos, y Su Presencia Real y activa opera en la Palabra Eficaz y en los Sacramentos. La iglesia es Cristo con nosotros.
Es el Sacramento del Altar el que nos trae la Comunión con Cristo al
recibir Su Perdón que nos confirma y santifica en la familia de Dios; a
la vez, el Sacramento da testimonio de la unión de los creyentes uno
con otro en la Palabra. Es en la Mesa del Señor donde se declara la
unidad de la iglesia, “la Comunión de los Santos en Lo Santo y en las
cosas Santas.” En este sentido, tampoco puede dividirse la iglesia ente
“visible” e “invisible,” al estilo Reformado o Romanista, como cuando
hablan de la “iglesia militante” y de la “iglesia triunfante.”
La Iglesia es Una. Y esta unidad es verdadera y completa. Los santos en
la tierra; los que aguardan en Cristo por la gloriosa resurrección; los
Ángeles; incluso aquellos que serán salvos y que aún no han nacido.
Todos ellos están unidos en la Una Sancta, en una iglesia, en la misma
Gracia y el Perdón de Dios en Cristo. Los cismas y herejías; las
divisiones y sectarismos terrenales no han dañado la unidad de la
iglesia; la iglesia no necesita de concilios ni de “movimientos
ecuménicos” para “volver a ser una.” La Iglesia es Una; ella es la
Communio Sanctorum.
La apariencia temporal o externa de la iglesia en “el tiempo” (Gr. “Chronos”)
no afecta ni cambia su esencial unidad en la vida divina de la Gracia,
ya que Dios “conoce a los que son suyos”, lavados y salvos en la Sangre
del Cordero. La Ecclesia, “sola fide perceptibilis” es la Imagen
Viviente de la eternidad y del Evangelio Eterno, ingresando, irrumpiendo
en el tiempo Caído más allá de las Puertas del Edén abandonado por
Adán, haciéndose histórica y actuando y testificando el Nombre de Cristo
en la Historia. El Libro de Apocalipsis, la Revelación de Jesucristo,
desvela diáfanamente esta verdad Escritural. Así es como la Iglesia, que
siempre es vista por la carne como una pecadora, al decir de Lutero,
es, esencialmente, santa y sin pecado como Cristo, a Quien está unida: y
sólo puede ser vista y recibida en la fe, de fe a la fe, como profetiza
San Pablo, fe que Él mismo crea en nosotros. Estando en la tierra, la
Iglesia es del Cielo. Es la iglesia de los penitentes, como ha escrito
Efrén el Sirio, la iglesia de los que perecen; y es también aquella que,
cuando las Todopoderosas palabras de consagración son repetidas por el
Ministro, trae a la tierra toda la gloria, la misma que inundaba el
Santuario del antiguo Israel, aunque la Misa Evangélica se celebre en un
humilde y sencillo lugar. Por el Perdón de pecados, en ella se
manifiesta la Una Sancta, la Escondida Communio Sanctorum.
[6] Sobre la enseñanza indiscutible de C. F. W. Walther sobre la materia, ver, “Contemporary Reflections on Church and Ministry in C.F.W. Walther” por Cameron Mac Kenzie, en
[7] Estos falsos dilemas pueden superarse en la recta comprensión de una Eclesiología eucarística.
[9] Hebreo: “Da una familia a aquellos que están solos.” La Vulgata
rinde: “Dios, que da morada en una misma Casa a quienes son de un mismo
Espíritu.”
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© Enrique Ivaldi 2006-2021. Reservados los derechos de la Ley 11.723.
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